Nadie vota clima, pero el clima mueve votos

La convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre ha reenfocado el debate público en los grandes temas de actualidad para la opinión pública: sin duda la vivienda, el auge de los precios y la inmigración. Parece como si la agenda medioambiental haya perdido intensidad y se funda a negro. Dejadme que discrepe.

A finales de septiembre, More in Common y Nexo Ambiental lanzamos un estudio sobre la Agenda Verde Conservadora en el que analizábamos no sólo si existen bases científicas para una agenda verde de corte conservador -os adelanto que es una realidad incontestable-, sino hasta qué punto esa agenda está instaurada en el ideario de los votantes de derecha y centro derecha.

Y es que mientras los debates como el energético parece haberse polarizado entre partidarios de la nuclear y la renovable, la conversación real está entre los que defienden un mix basado en energías únicamente renovables y aquellos que quieren sumar la nuclear a ese mix. Dos caras de una misma descarbonización.

El clima no es una prioridad hasta hablar del día a día

Como hemos analizado desde Nexo Ambiental, las elecciones en Andalucía, Castilla y León o Aragón parecían disputarse lejos de la arena climática. Los españoles, pese a la altísima preocupación por los efectos del cambio climático, no votan con el clima entre sus prioridades; pero no es menos cierto que al preguntar sobre cuestiones concretas como la incidencia de las políticas climáticas en los precios, el apoyo a las renovables y la ordenación territorial o la industrialización aflora un debate en el que los impactos climáticos están muy presentes.

Dejar de lado que el futuro de nuestro tejido industrial, la extracción de minerales, el reparto de la carga energética territorial, de la producción y exportaciones agrícolas y ganaderas, del aislamiento de nuestros hogares o incluso cuestiones cotidianas como la movilidad personal forman parte del reto de la descarbonización y resiliencia nacional, es hacernos trampas al solitario. Estos son los temas que pueden mover votos en un sentido u otro en Teruel, Burgos o Almería, aunque nadie las considere política climática.

Los españoles, pese a la altísima preocupación por los efectos del cambio climático, no votan con el clima entre sus prioridades.

El reto histórico y el reparto de costes

A principio de octubre, en las Jornadas EcoNòmics organizadas por Oikia -en las que colaboramos desde Nexo Ambiental- y desde el incomparable marco de Jardins de Cap Roig en la Costa Brava se dieron cita inversores, políticos, empresas, instituciones y organizaciones a debatir sobre el modelo energético de Cataluña. También se habló del reparto de los costes de la producción energética. Un foro que se suma a otros en los que se conversa y decide sobre el camino que debemos tomar para llegar a la descarbonización sin perder un ápice de competitividad. Conviene recordar la importancia histórica del reto ante nosotros. España inició su industrialización en el siglo XIX con carbón importado y se modernizó en el siglo XX con petróleo importado. Por primera vez tenemos la oportunidad de alimentar a los diferentes sectores económicos con una energía propia: el sol y el viento de los que vamos sobrados y que en quince años hemos aprendido a convertirlos en la energía que puede mover un país.

El 29N no cierra la conversación climática, sino que la reajusta y traslada de la ciudad a las zonas rurales, indistintamente de la mayoría que decidan las urnas. La pregunta pues no será si descarbonizamos, sino en qué condiciones se llevará a cabo y qué papel tendrán los territorios, sean estos urbanos o rurales.

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