Por qué los conflictos socioambientales nunca son lo que parecen

Esta semana hemos participado en un taller de formación para técnicos municipales y de las administraciones públicas en Cataluña organizado por ICLEI en Barcelona. El objetivo era guiar y dotar a diferentes perfiles profesionales de herramientas para detectar, prevenir y mediar en los conflictos socioambientales a partir de la iniciativa europea Fast & Fair, relacionado con las renovables en municipios rurales. En este taller también partició Jaume Moya de Eudemon, especializado en mediación y legislación medioambiental.

Entender el conflicto y la comunidad en la que sucede

Los conflictos en sí mismos no son un problema. Tendemos a interpretarlos como la alteración del orden, cuando en muchas ocasiones son el medio por el que se han producido avances sociales. Para entenderlos debemos interpretar las diferentes dinámicas que afectan a una sociedad, ya que lo que emerge en la superficie -es decir, el conflicto en sí mismo y que es visible- se corresponde con una parte muy pequeña del total.

Además, un conflicto casi nunca es lo que parece. Cuando un proyecto solar o eólico encalla, la discusión pública se focaliza en cuestiones técnicas, cuando el rechazo tiene componentes que poco tienen que ver con lo técnico. Se trata de dinámicas culturales, identitarias, económicas o de legitimidad que afectan a conceptos tan sensibles para aquellos que viven en áreas rurales como el paisaje -que no es un decorado o un potencial fondo de escritorio, sino parte de la identidad territorial-, las narrativas culturales que cada grupo utiliza para interpretar lo que está sucediendo, el reparto de pérdidas y beneficios o quién cuenta con la legitimidad para representar y hablar con el total.

Saldes: un ejemplo de buenas prácticas

Un caso de buenas prácticas es el de Saldes, en el pre-Pirineo catalán. Un municipio de pasado carbonero en el que, tras el cierre de las minas en los años 80, la transición hacia un nuevo modelo económico nunca terminó de completarse. Ante la posibilidad de llegada de un proyecto de renovables, tomó la iniciativa y creó una cooperativa energética impulsada desde el ayuntamiento: la Cooperativa Energètica del Pedraforca.

El liderazgo desde la etapa temprana permitió que este proyecto no se viviera como una imposición, sino como un proyecto ligado a la identidad de la comarca y de la cultura catalana. Tanto la icónica montaña del Pedraforca como las cooperativas tienen una gran estima en el territorio. Además, el apoyo de mediadores que ayudasen a crear mesas de diálogo y trabajo contribuyó a que este sea uno de los casos de estudio más interesantes a nuestro alcance.

En resumen, el liderazgo municipal y un buen diagnóstico y mapa de la geografía humana del territorio, acompañado de dinámicas de mediación sirvieron para evitar el malestar y contribuir a una solución construida desde y para el territorio.

El trabajo invisible del consultor sobre el terreno y el mediador en conflictos

Ese trabajo invisible para la mayoría es el que permite mitigar la tensión, el conflicto socioambiental y el riesgo de rechazo. Por eso son tan importantes las soluciones construidas desde la diversidad de opiniones, la incorporación de todas las voces y el compromiso de centrarse en el bien común para los territorios y comunidades rurales.

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